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miércoles, 10 de septiembre de 2014

Regresan as aguias pescadoras á Ría de Ribadeo



Como soe ser habitual por esta época nos últimos anos, xa están de volta as aguias pescadoras (Pandion haliaetus) na Ría de Ribadeo. O sábado puiden confirmar a presenza de dous exemplares. A un deles pareceume verlle unha anela amarela na pata dereita, polo que sería unha das dúas pescadoras aneladas e invernantes no noso humidal en tempadas pasadas. Pero dada a enorme distancia á que estaba, non puiden confirmar este extremo, e moito menos ler o código da anela, polo que non sei si era a anelada en 2011 ou a de 2013. En calquera caso, e previsiblemente, se non lles pasou nada a ningunha durante a súa ausencia estival, as dúas pasarán de novo o inverno no noso estuario.

Exemplar anelado


Pero como dicía, observei tamén outra pescadora que non levaba anela, polo que se trata doutro exemplar. Así que temos dúas posibilidades: que se atope de paso, facendo unha parada temporal na ría, ou que se quede aquí a pasalo inverno. É cedo para coñecer isto, así que agardaremos a ver qué pasa.

Individuo non anelado

Ademáis das pescadoras, podemos ver xa a presenza de moitas outras especies que van chegando ó estuario. É o caso dos cullereiros (Platalea leucorodia), dos que había 4 exemplares no Muro das Lamas. Un deles levaba as características anelas de cores propias dos cullereiros anelados en Holanda. Se non recordo mal, este mesmo individuo estivo tamén o inverno pasado connosco.

Os catro cullereiros, xunto a unha garzota, gaivotas e limícolas



E con eles, neste mesmo lugar, unha enorme cantidade de limícolas: mazaricos chiadores (Numenius phaeopus), mazaricos reais (Numenius arquata), biluricos pativerdes (Tringa nebularia), biluricos patirrubios (Tringa totanus), pilros comúns (Calidris alpina), e mazaricos rabinegros (Limosa limosa), dos que contei ata 11 individuos. Así que a cousa anímase na Ría de Ribadeo.







Mazaricos rabirrubios

Corvos mariños

Ría de Ribadeo





 
Imaxes e texto baixo licenza Creative Commons
Enrique Sampedro Miranda
Blog Ría de Ribadeo: www.riaderibadeo.com


miércoles, 3 de septiembre de 2014

Observando y escuchando aves nocturnas en Arévalo (Ávila)



Atardece en la comarca abulense de La Moraña, y los sonidos propios de un ocaso de finales de agosto comienzan a aflorar. Los campos situados entre Arévalo, Aldeaseca y Tornadizos van diciendo su adiós a las aves diurnas para dar paso a los dueños del crepúsculo, las aves nocturnas. Depredadores como los milanos negros se dirigen a los pinares, en donde tienen sus dormideros y pasarán la noche, sabedores de que su espacio lo ocuparán ahora otros, más adaptados a las especiales condiciones de falta de luz.














Milanos negros en su dormidero


En uno de esos pinares, ya con las últimas luces del día, aparecen tres chotacabras grises (Caprimulgus europaeus) que me sobrevuelan y dan un par de giros sobre mí, a escasos dos metros de mi cabeza. Ha sido tan rápido que no me da tiempo ni siquiera a hacer el intento de fotografiarlos. Pero sí consigo grabar su canto, unos minutos después, tras haberse posado en algún lugar cercano. Es una grabación corta y de escaso volúmen, por lo que os pongo primero este audio más claro del canto del chotacabras gris, para adaptar el oído.



Y aquí va el vídeo. El canto se escucha durante los 6 primeros segundos. Luego se cuela una paloma en la escena que les hace callar.



El chotacabras es un ave de hábitos nocturnos, que al ocaso abandona su refugio diurno para salir a cazar insectos, de los que se alimenta. Los suele cazar en vuelo, abriendo su amplia boca como si fuese una red para capturar los pequeños invertebrados voladores que se cruzan en su camino. Como todas las aves nocturnas, posee una aguda vista y oído, además de unas plumas adaptadas para volar en el más completo silencio. Vienen a nuestro territorio para reproducirse, procedentes de África, a donde regresarán finalizada la época estival.

Chotacabras gris. Fuente: Miguel Rouco www.avesibericas.es

Las últimas luces del día se desvanecen, y mientras tanto aguardo en el pinar la aparición de alguna de las rapaces nocturnas que sé que aquí habitan. La espera da resultado, pues no tarda en aparecer uno de los reyes de este hábitat, el búho chico (Asio otus). Es de los búhos más esquivos de entre los que habitan en nuestros campos, y por tanto, de los más difíciles de observar. Sus hábitos estrictamente nocturnos y la preferencia por entornos forestales, hacen más difícil si cabe su observación. Aunque conociendo estas preferencias, y sabiendo de su presencia, es más sencillo localizarlos. Tras varios intentos fallidos, a éste consigo incluso fotografiarlo, aunque como veréis la foto es más que nada testimonial.








No he localizado esta noche otras rapaces nocturnas propias de la época y la zona, como autillos (Otus scops), cárabos (Strix aluco) o lechuzas (Tyto alba), pero me voy muy satisfecho con haber disfrutado en el campo de la magia de la noche, y haber podido observar a dos de nuestras aves nocturnas más hermosas.

Imágenes y texto bajo licencia Creative Commons
Enrique Sampedro Miranda
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sábado, 23 de agosto de 2014

Por Tierras de Arévalo y Aldeaseca: sobre aves, cultivos y regadíos


Del azul del Cantábrico he pasado a los amarillos y ocres de la meseta Castellana. Aunque éstos no son los únicos colores del campo en la comarca de La Moraña abulense durante la época estival. Los bosques de pinos ponen la nota verde, así como la cada vez más abundante presencia de cultivos de regadío, como maíz, remolacha, patata, alfalfa, achicoria… Si antiguamente el paisaje predominante eran los campos de cereal, actualmente en algunas zonas de la comarca esto ha cambiado. E indudablemente estos cambios no afectan sólo al paisaje, sino también, y de forma muy directa, a la biodiversidad de la zona. Campos que hasta ahora podían ser utilizados por determinadas especies de aves, como por ejemplo las denominadas aves esteparias, ahora ya no sirven para ellas. Pero por otro lado, aves que se asocian más a este tipo de cultivos, tienen ahora nuevas oportunidades de refugio y alimentación.

Campos de cultivo y Arévalo al fondo


El cambio en los cultivos en la zona colindante a Aldeaseca, por donde me muevo, lo he percibido especialmente este verano, en donde he visto un notable incremento de la extensión del regadío. Esta transformación, que ya es un hecho, se debe al agua traída desde el embalse de las Cogotas, muy próximo a Ávila capital. Su construcción, y la de las posteriores infraestructuras (canalizaciones, tuberías, balsas de riego…) para llevar el agua a las alrededor de 7.500 hectáreas regables del norte de la provincia, ha llevado muchos años, pero finalmente es una realidad. El término municipal de Aldeaseca se encuentra en el límite de influencia de la zona de regadío de las Cogotas, que afecta al sur del municipio. El norte del mismo, separado por la carretera autonómica CL-605, ya está fuera de la zona de regadío. Y el contraste entre uno y otro lado de la carretera es muy notable.

Zona exenta de regadío con tierras y pinares


El riego provoca que el agua sobrante, además de filtrarse al terreno (lo que ojalá tenga un impacto positivo sobre el maltrecho acuífero de Los Arenales), vaya a dar también a pequeñas charcas o balsas que hasta ahora sería impensable que tuviesen agua en esta época del año. Además de aves, de esta nueva fuente de agua se benefician también mamíferos, anfibios o insectos. Respecto a éstos últimos, por ejemplo, ahora se ven libélulas mucho más fácilmente, cuando antes había que ir a los escasos “labajos” que quedasen con agua. Y centrándonos ya en las aves, es también más fácil ver especies asociadas a ambientes húmedos. Es el caso de esta interesante charca que en años anteriores estaba vacía, y que este verano tiene una pequeña superficie de agua. En sus alrededores buscaban alimento una garza real (Ardea cinerea) y varias gallinetas (Gallinula chloropus). Pero además, había también tres ejemplares de andarríos chico (Actitis hypoleucos), que supone mi primera observación de la especie en la zona. El paso migratorio también se nota en el centro peninsular.

Charca en Aldeaseca


Gallineta


Andarríos chico


Los pinares que quedan entre los campos, dejando ya al márgen si son de regadío o secano, son un lugar ideal para que aniden las rapaces. El que está al lado de la charca es un dormidero de milano negro (Milvus migrans). También observé este día por la zona un alcotán (Falco subbuteo) y los omnipresentes cernícalos, tanto el común (Falco tinnunculus) como el primilla (Falco naumani).

Las tierras que siguen quedando de secano o que están en barbecho, son utilizadas por las mencionadas anteriormente aves esteparias. Así, este día pude observar este pequeño bando de avutardas (Otis tarda), terreras (Calandrella brachydactyla) y cogujadas (Galerida cristata).


Bando de avutardas


Avutarda


Terreras comunes


Cogujada


Moviéndome entre maizales, tierras y pinares, fueron apareciendo otras especies comunes en la zona: perdices (Alectoris rufa), ratoneros (Buteo buteo), tórtolas (Streptopelia turtur), vencejos (Apus apus), abubillas (Upupa epops), agateadores (Certhia brachydactyla), rabilargos (Cyanopica cyanus)… También un aguilucho lagunero (Circus aeruginosus) que devoraba una presa.





Y poco antes del atardecer, para despedir la jornada, descubrí cómo me observaba un águila calzada (Hieraaetus pennatus) perchada en un pino.







Atardecer en Aldeaseca. El pueblo con la torre de su iglesia a la derecha y un pinar a la izquierda







Pongo esta nota a posteriori de haber escrito este artículo, ya que me gustaría aclarar que no pretendo con él decir que el regadío sea beneficioso o perjudicial para la biodiversidad o el medio ambiente. Tras haber recibido un comentario y releer el artículo, creo que puede dar esta impresión, lo que no es mi intención. Precisamente comenzaba el mismo diciendo que estos cambios en el sistema agrícola pueden afectar muy directamente a numerosas especies que estaban adaptadas a otro tipo de cultivos. Por el contrario, otras se beneficiarán. Por otro lado, el agua traída de las Cogotas puede afectar positivamente al acuífero de Los Arenales, al dejar de extraerse de muchas perforaciones, como se hacía hasta ahora exclusivamente. Es previsible que el acuífero invierta su tendencia negativa (algún agricultor me ha comentado que esto ya es claramente apreciable en los niveles de los pozos). Pero también es cierto que estos cultivos traerán consigo el uso de otros químicos que pueden afectar a sus aguas. En definitiva, son muchos los factores que hay que evaluar, y más a largo plazo, por lo que no estoy yo en condiciones de hacerlo aquí y ahora. Lo que pretendo es simplemente reflejar estos cambios que estoy notando en la zona.

Imágenes y texto bajo licencia Creative Commons
Enrique Sampedro Miranda
Blog Ría de Ribadeo: www.riaderibadeo.com

miércoles, 20 de agosto de 2014

Se anima el paso de limícolas en la ría




Vuelvo con otro artículo sobre Ribadeo, correspondiente a una salida de campo que hice el pasado día 9 de agosto. Comencé la ruta por los acantilados costeros, para observar aves en paso migratorio. Este día el viento estaba en calma, y no había mucho movimiento de aves marinas cerca de la costa. A pesar de ello, pude observar varios alcatraces (Morus bassanus), dos bandos de negrones (Melanitta nigra) formados por 6 y 8 ejemplares respectivamente, un ostrero (Haematopus ostralegus), y tres pardelas baleares (Puffinus mauretanicus). También numerosos cormoranes moñudos (Phalacrocorax aristotelis), como es habitual en esta zona. Pero además tuve también la suerte de volver a observar dos delfines mulares (Tursiops truncatus). Hay que ver, la de veces que salgo por la costa a observar aves cuando voy a Ribadeo, siempre pendiente de si veo algún cetáceo, y en este verano ya llevo dos observaciones en días distintos.

Cormorán moñudo


Tras un rato en los acantilados, decidí adentrarme en la Ría de Ribadeo, ya que la marea había subido y era un buen momento para observar las limícolas, y otras aves, que se detienen en ella a descansar en su viaje migratorio. Fui primero a la ensenada de A Lieira, en la orilla asturiana. Allí había un grupo de 25 chorlitejos grandes (Charadrius hiaticula), 5 correlimos comunes (Calidris alpina) y 2 archibebes claros (Tringa nebularia). Además, un nutrido grupo de gaviotas reidoras (Chroicocephalus ridibundus), junto a algunas sombrías (Larus fuscus), patiamarillas (Larus michahellis), un gavión atlántico (Larus marinus) y una gaviota cabecinegra (Ichthyaetus melanocephalus).

Chorlitejos grandes y correlimos comunes








Gaviotas








Gavión atlántico (centro)


Gaviota cabecinegra (en el centro, la cuarta por la derecha)


A lo largo de toda la ensenada pude contar también 11 garcetas (Egretta garzetta), 6 garzas reales (Ardea cinerea), 5 cormoranes (Phalacrocorax carbo), y un grupo de unos 80 azulones que sobrevoló Ribadeo.



Bando de azulones sobrevolando Ribadeo




De aquí me dirigí al Muro das Lamas, ya en la parte gallega de la ría, el lugar preferido por las limícolas cuando la marea está alta. Allí me encontré 50 zarapitos trinadores (Numenius phaeopus), 10 zarapitos reales (Numenius arquata), 39 archibebes claros (Tringa nebularia), 8 archibebes comunes (Tringa totanus) y 1 aguja colinegra (Limosa limosa).



Zarapitos reales, zarapitos trinadores, archibebes claros y archibebes comunes


Aguja colinegra entre las demás limícolas (la de color rojizo en la orilla)


Como podéis ver, se nota cada vez más el paso migratorio dentro de la ría. Con esta entrada me despido de mi tierra por ahora. El próximo artículo del blog será ya desde la meseta castellana, a donde voy a pasar lo que me queda de vacaciones. Saludos y gracias por seguir el blog.

Ría de Ribadeo


Imágenes y texto bajo licencia Creative Commons
Enrique Sampedro Miranda
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domingo, 17 de agosto de 2014

Los humedales de Salburúa (Vitoria-Gasteiz)




Hace algo más de una semana estuve de viaje por varios lugares del País Vasco, entre ellos Vitoria-Gasteiz. Y aprovechando mi estancia allí, quise acercarme a conocer en persona los humedales de Salburúa. Y digo en persona porque los conocía ya sobre el papel. Hace un par de años, en las Jornadas Ornitológicas de El Oso (Ávila), asistí a una charla en donde un técnico de este humedal alavés hizo una presentación sobre el proyecto de recuperación que habían llevado a cabo durante años, para conseguir crear un espacio natural como el que tienen hoy en día. En aquella ponencia me fascinó ver, a través de su exposición y las fotografías que nos fue mostrando, cómo un área degradada de la periferia de la ciudad había sido transformada para crear un enorme parque con varios humedales. De la calidad ambiental que han alcanzado dichos humedales habla su pertenencia a redes como la Red Natura 2000 o el convenio internacional Ramsar, que se podría calificar como la máxima distinción a la que puede aspirar un ecosistema de este tipo.



Me levanté muy temprano, y a pesar de estar en pleno verano, la niebla lo cubría prácticamente todo, aunque poco a poco iría levantando. Comencé mi recorrido por la laguna llamada Balsa de Betoño, en donde empecé a observar las primeras especies del día: azulones (Anas plathyrynchos), somormujos (Podiceps cristatus), garcetas (Egretta garzetta), garzas reales (Ardea cinerea) y fochas (Fulica atra).



Después me acerqué al centro de interpretación del parque, llamado Ataria, al que no pude entrar por ser demasiado temprano, ya que estaba aún cerrado. Se trata de un edificio con un bonito diseño, del que también nos habían hablado en aquella conferencia. Porque no sólo el edificio en sí es interesante, sino lógicamente, todo lo que alberga en su interior. Pero me tendría que quedar con las ganas de visitarlo, ya que el poco tiempo del que disponía me impediría pasarme por allí más tarde.

Centro de interpretación Ataria






Así que regresé de nuevo a la balsa de Betoño para rodearla e intentar observar alguna especie más. La niebla se iba disipando por momentos, lo que me permitía tener ya más campo de visión, y descubrir a habitantes como gallinetas (Gallinula chloropus), mosquiteros (Phylloscopus collybita), cigüeñas (Ciconia ciconia) o un alcaudón dorsirrojo (Lanius collurio).

Gallineta con su cría


Cigüeña


Alcaudón dorsirrojo




 
Mi siguiente parada sería en la Balsa de Arcaute, otra laguna cercana. Mientras paseaba por los alrededores, me encontré con unos habitantes muy peculiares de estos humedales, como son los ciervos. Éstos han sido introducidos para servir de control natural para que la vegetación palustre no se extienda demasiado.







Tras disfrutar un buen rato de su presencia, me dirigí al observatorio de Las Zumas, desde donde se obtiene una buena panorámica de la Balsa de Arcaute. Aquí la abundancia de especies con la que me encontré fue mucho mayor que en Betoño. Sobrevolándola, y en torno a las choperas circundantes, multitud de golondrinas (Hirundo rustica), aviones comunes (Delichon urbicun), vencejos (Apus apus), además de abejarucos (Merops apiaster) y algún que otro pito real (Picus viridis).

También sobre la laguna se podía observar la presencia de aguilucho lagunero (Circus aeruginosus) o una espátula (Platalea leucorodia) que pasó sobre mi cabeza. Posados en las ramas de unos árboles lejanos había varios cormoranes (Phalacrocorax carbo), avetorillos (Yxobrichus minutus), garzas reales y garcetas.



Garceta


Como cierre de esta entrada sobre los magníficos humedales de Salburúa, os dejo con las fotos de otro de sus habitantes, que tuve la suerte de que se me posase cerca ese día. Se trata del martín pescador (Alcedo athis).





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Enrique Sampedro Miranda
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