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viernes, 18 de julio de 2014

Aves de verano en la llanura cerealista castellana

El pasado fin de semana salí al campo por la comarca de Arévalo. No había hecho hasta el momento ninguna salida por allí en lo que iba de verano, y ya tenía ganas. Echaba de menos a mis queridas esteparias, los interminables campos de cereal, los pinares, las iglesias mudéjares, los cernícalos primilla… Así que tuve la oportunidad de desquitarme. Además tuve suerte con el tiempo, porque hacía una temperatura estupenda, más propia de la primavera que del verano castellano, lejos aún de las temperaturas que hemos alcanzado esta semana en el centro peninsular.



Comencé como suelo hacer últimamente, saliendo desde Aldeaseca con destino a Donvidas. Para ello me dirijo primero dirección Arévalo y tomo luego la carretera que va a Sinlabajos, que suele ser un lugar muy bueno para observar esteparias como avutarda, sisón u ortega. Sin embargo, en esta ocasión desde aquí no pude observar ninguna de estas especies, así que tras una breve parada, continué pronto mi camino hasta llegar a Donvidas. Allí me acerqué primero a la pequeña charca que hay a las afueras del pueblo (que conozco gracias a Víctor Coello), en donde a primera hora de la mañana había mucho movimiento de fringílidos, aláudidos y otros paseriformes. Así, jilgueros (Carduelis carduelis), gorriones (Paser domesticus), pardillos (Carduelis cannabina), verdecillos (Serinus serinus), cogujadas (Galerida cristata), trigueros (Emberiza calandra), golondrinas (Hirundo rustica) o vencejos (Apus apus), sobrevolaban la charca y sus alrededores en busca de comida o bajaban a ella para beber.

Pardillo


En el propio Donvidas hay una interesante colonia de cernícalo primilla (Falco naumanni), que aprovechan las oquedades de las construcciones para establecer sus nidos. En este, tres hermosos pollos ya bien crecidos no me quitaban ojo.



También es habitual aquí la presencia de mochuelo (Athene noctua). Prácticamente siempre que vengo me encuentro con alguno.
Observadas las especies más comunes en este pequeño núcleo rural, me dirigí hacia uno de los abundantes pinares de la zona, que son como verdes islas en medio de un imenso mar de cereal, seco en esta época del año. Por el camino, mientras circulaba por caminos de tierra en dirección hacia uno de esos pinares, es fácil descubrir muchas de las aves que pueblan este ecosistema cerealista. Entre las que observé el domingo estaban la perdiz roja (Alectoris rufa), cigüeña (Ciconia ciconia), milano negro (Milvus migrans), aguilucho cenizo (Circus pygargus), ratonero (Buteo buteo) y aláudidos como la ya citada cogujada así como la alondra (Alauda arvensis).



Más adelante, me encontré también con la "reina de la estepa", la avutarda (Otis tarda). En esta ocasión un grupo de cuatro, algo dispersas.



Una vez me adentré en el pinar al que me dirigía, en el término municipal de Tornadizos, el paisaje cambió radicalmente, así como también las aves que se dejaban ver por allí. 
Los rabilargos (Cyanopica cyanus) comenzaron a hacer acto de presencia, pasando de un pino a otro, mientras carboneros (Parus major) o agateadores (Certhia brachydactyla) hacían lo propio. También es este un lugar bueno para encontrar al alcaudón común (Lanius senator).


Alcaudón común
Y para cerrar una estupenda mañana de pajareo por tierras castellanas, me deleité un buen rato con la presencia de un cuco (Cuculus canorus). Hacía mucho que no veía uno, y nunca lo había logrado fotografiar. Aunque las fotos no son ninguna maravilla, sino más bien testimoniales.




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Enrique Sampedro Miranda
Ría de Ribadeo: www.riaderibadeo.com

miércoles, 2 de julio de 2014

Gaivotas patiamarelas criando nos tellados de Ribadeo

Estamos en plena época de cría das gaivotas patiamarelas (Larus michahellis) e en Ribadeo, coma noutras tantas vilas e cidades mariñeiras galegas, estas astutas aves aproveitan calquera espazo para instalar o seu niño e tentar sacar adiante a súa prole. Os tellados das nosas casas son un bo lugar para este propósito, xa que neles os ovos e os polos atópanse máis protexidos da presenza de depredadores que noutros lugares máis accesibles, sobre todo falando de depredadores terrestres. Así, escenas coma esta, captada fai uns días nun tellado do casco urbano de Ribadeo, son moi frecuentes na nosa vila.



A gaivota patiamarela é a máis abundante das gaivotas da nosa costa, e está presente todo o ano. A súa identificación é doada: cuberta dunha capa de cor gris clara, coa cabeza e partes inferiores brancas e “cola” negra con pintas brancas, presenta as patas amarelas (rasgo característico) e bico da mesma cor, cunha pinga vermella case na punta.
Gaivota patiamarela no peirao de Ribadeo
A base do seu éxito radica na enorme adaptabilidade que presenta, tanto a nivel de hábitat coma a nivel alimenticio. En canto ó hábitat, pode criar en lugares tan variados coma cantís mariños, illotes, marismas, praias ou humidais interiores, e ata nos propios asentamentos urbanos, como vemos aquí. E non menos adaptable é a súa dieta, xa que é capaz de alimentarse de case calquera cousa comestible, dende moluscos ou peixes, ata restos vexetais, carroñas, ou aproveitalo lixo dos vertedeiros (unha das súas principais fontes de recursos en moitos lugares, como as grandes cidades).
Gaivota patiamarela comendo un descarte no porto pesqueiro de Ribadeo
A gaivota patiamarela é monógama, emparellándose de por vida e tentando sacar adiante ano tras ano as súas niñadas. O período reprodutor comeza nos meses de marzo-abril, cando a parella se adica á construción ou adecuación do niño, que consiste nunha pequena superficie formada por algas, herbas, ramas ou outros restos vexetais. Ademais, soen aproveitalos de ano en ano. Posteriormente á preparación do niño ven a posta, que polo xeral consta de 2 ou 3 ovos, normalmente de cores oliváceas e moteados. Tras unha incubación de ó redor dun mes, nacen os polos, que permanecerán no entorno do niño ata entorno os 45 días de idade, momento no cal serán capaces de voar e independizaranse.

Esta parella que nos ocupa, leva criando neste niño durante varios anos, e polo que se ve, non deben ser malos pais, xa que como se pode apreciar nas imaxes, os tres polos deste ano por agora estanse a criar en boas condicións.
Aínda que o noso clima non os libra nin no verano de levarse unha boa molladura de vez en cando, coma esta que lles caeu outro día.
Seguirei atento ás evolucións desta familia, e se cadra, ó mellor vos podo traer novas súas máis adiante. En calquera caso, agardo que rematen con éxito a súa cría, e que os tres polos poidan voar en breve.

Saúdos e gracias por seguilo blog.

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Enrique Sampedro Miranda
Ría de Ribadeo: www.riaderibadeo.com

jueves, 26 de junio de 2014

Viaje ornitológico al Delta del Ebro (Parte II)

La primera parte de este relato sobre mi viaje al Delta del Ebro terminaba al lado de las Salinas de la Trinitat, en la Punta de la Banya. Pues bien, esta segunda y última parte de la crónica la comenzaré por la laguna de la Tancada, regresando de nuevo a tierra firme tras cruzar por la barra del Trabucador.

La Tancada


En esta laguna, como comentaba en la anterior entrada, se concentraban grandes grupos de aves de diferentes especies: flamencos, gaviotas patiamarilla (Larus michahellis), reidora (Chroicocephalus ridibundus), cabecinegra (Ichthyaetus melanocephalus), picofina (Larus genei) y de Audouin (Larus audouinii), charranes, pagazas, fumareles, charrancitos (Sterna albifrons), limícolas, garzas, anátidas como tarro blanco (Tadorna tadorna)... Aquí algunas fotos sacadas desde el observatorio situado al lado de la carretera. Por orden: una garcilla cangrejera (Ardeloa ralloides), garceta común (Egretta garzetta), fumarel cariblanco (Chlidonias hybrida) y flamenco rosa (Phoenicopterus roseus).



Siguiendo la carretera que discurre desde la Tancada, paralela a la playa de los Eucaliptus, se pasa por una zona de saladares, pastos con arbustos y canales, que me había recomendado visitar Miguel Rodríguez Esteban (El Ornitoblog) a quien le agradezco mucho las indicaciones que me dió. Es esta una zona propicia para aves como alondras, terreras o canasteras. Tanto la canastera como la terrera marismeña eran dos de mis "objetivos" para este viaje, y a esta última Miguel la vió por aquí en un viaje que él hizo, así que me pasé un buen rato en esta zona intentando ver alguna. Aunque por más que me esmeré, no hubo suerte. Lo máximo que conseguía ver eran alondras y cogujadas, que sin querer faltarles al respeto, tengo ya muy vistas de mis salidas por tierras abulenses. Así que un tanto decepcionado, por qué no decirlo, decidí continuar recorriendo el Delta, y me dirijí a otro lugar muy especial y que tenía muchas ganas de visitar, la Reserva Natural de Riet Vell.

Centro de Visitantes de Riet Vell


Se trata de una finca en la que la SEO desarrolla desde hace años un proyecto de agricultura ecológica, en el que combina la producción de arroz con técnicas sostenibles y respetuosas con el medio ambiente, con el fomento de la biodiversidad en la finca. Para ello, además de no utilizar productos químicos ni técnicas nocivas para el ecosistema, reserva diferentes zonas de la finca para que tanto aves como otros animales puedan tener refugio en ella y un lugar en el que poder criar con tranquilidad, protegerse o alimentarse. Así, además de sus 44 hectáreas de arrozales ecológicos, cuenta con una laguna de 7 ha. en la que nidifican varias especies; 1,5 ha. de pastizal salino que son utilizadas por otras especies en diferentes épocas; 2,5 ha. de carrizal; y vegetación de ribera en los márgenes de los caminos y canales, restaurados para que sean utilizados por la vida salvaje. Todo eso equipado aquí y allá con nidos artificiales en las lagunas, cajas nido para aves y murciélagos, charcas para anfibios, comederos, etc. O sea, todo un "resort" de lujo en pleno Delta del Ebro para la vida animal.

Así que tras pasar por el Centro de Visitantes y hacer alguna que otra compra, me sumergí de lleno en este vergel para ver por mí mismo aquello de lo que tanto había oído hablar. Y no me decepcionó. De entre el carrizal próximo a los arrozales pronto salió a darme la bienvenida un clásico. El elegante y hasta hace poco tiempo difícil de ver calamón (Porphyrio porphyrio).



Entre los arrozales vi a los primeros moritos del viaje (Plegadis falcinellus), que más adelante no dejaría de ver por todas partes.



Y ya desde el observatorio de la laguna, flamencos, avocetas, charranes, azulones, gallinetas, garcetas...



En la laguna destacaban las plataformas artificiales instaladas para que críen los charranes en ellas, que como pude comprobar, no han dejado de aprovechar esta oportunidad de "vivienda de protección oficial gratuita".



Y para despedirme, además de una gran experiencia y gran cantidad de fotos, me llevé también un trocito de lo que allí se hace, y que está en la estantería de la cocina esperando su oportunidad para ser degustado. Sí, un paquete de arroz ecológico Riet Vell.


Ah, y como anécdota, me llamó la atención esta imagen, que me parece muy graciosa y paradógica. ¡Un espantapájaros de la Sociedad Española de Ornitología en su reserva de aves! Ja, ja, ja.



Desde aquí me quedaba dirigirme hacia la última zona planificada de mi visita, la Isla de Buda (Illa de Buda), justo en donde el Ebro acaba de vaciar el caudal que aún le queda al mar. Por el camino, hermosas panorámicas de los inmensos arrozales del delta, así como incontables observaciones de aves, como estos moritos y esta garza imperial (Ardea purpurea).

Arrozales del Delta


Isla de Buda
De la Isla de Buda, al otro lado del canal, poco podía ver, pero por esta zona tenía la esperanza, y mi última oportunidad, para observar alguna canastera (Glareola pranticola). Y no lo hubiese conseguido de no tener la inmensa fortuna de haber conocido a una majísima pareja de ornitólogos locales, los Tantull (Josep Tantull y Roser Solé). Los había conocido un rato antes, y además de una charla muy agradable con ellos, se ofrecieron a guiarnos a una zona que ellos conocían en la que aseguraban no fallarían las canasteras. Y efectivamente, allí estaban, esperando a que por fin un aficionado a la ornitología de la otra punta de la península, pudiese al fin verlas y fotografiarlas.


También cerca de las canasteras vimos alguna avefría (Vanellus vanellus) que nos sorprendió con su presencia. Pero no satisfechos con esto, me comentaron que si quería observar terrera marismeña (Calandrella rufescens) también me podían acompañar a otra zona en la que podríamos verlas. Así que hacia allí fuimos, lo que supuso mi segundo bimbo de la jornada, como se encargó de recordarme Roser, en un periodo de escasos minutos de diferencia.



Como no podía ser de otra forma, les estoy muy agradecido a Josep y Roser, por haberme ayudado a conseguir observar estas especies, y haber sido tan amables. Un placer haberos conocido, de verdad. Espero poder devolveros algún día el favor si os apetece visitar mi querida Ría de Ribadeo.

La terrera marismeña fue el broche de oro para esta escapada, ya que además de todas las especies observadas, conseguí también mi particular trío de ases: gaviota de Audouin, canastera y terrera marismeña. Este viaje se me quedará grabado en el recuerdo para toda la vida. Y aunque espero poder regresar algún día, lo cierto es que nunca volverá a ser como esta primera vez en la que descubrí esta maravilla que es el Delta del Ebro.



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Enrique Sampedro Miranda
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domingo, 15 de junio de 2014

Viaje ornitológico al Delta del Ebro (Parte I)

Por fin he tenido la oportunidad de visitar el Delta del Ebro, uno de los humedales más importantes de la península, y al que todo amante de las aves y la naturaleza debe ir al menos una vez en la vida. Y tras varios intentos fallidos en anteriores ocasiones, por fin llegó mi momento. La semana pasada estuve por allí un par de días, e intenté aprovechar el tiempo al máximo. Es conocida la gran cantidad y variedad de aves que hay en este impresionante parque natural, por lo que un viaje allí supone un éxito asegurado si lo que se va buscando es observar variedad de especies. Pero además, hay algunas que son propias de allí, o que son más abundantes que en otros lugares, y que en mi caso, buscaría encontrar a lo largo de este viaje, por no haberlas observado nunca. Es el caso por ejemplo de la gaviota de Audouin, la terrera marismeña o la canastera. Pero vamos paso a paso.

L'Encanyissada


El primer día comencé mi ruta por la laguna de L'Encanyissada (La Encañizada). Nada más llegar me recibió una hembra de pato colorado (Netta rufina) que cuidaba de su prole.




Pero pronto comenzaron a aparecer también otras especies propias de este tipo de ecosistema, como un martinete común (Nycticorax nycticorax) o un carricero común (Acrocephalus sirpaceus).

Martinete

Carricero


Y un poco después, apareció ante mi cámara una de las gaviotas endémicas del Mediterráneo, y que era uno de mis objetivos del viaje, la gaviota de Audouin (Larus audouinii). En el Delta se reproduce más del 60% de la población mundial de esta especie, por lo que es bastante abundante aquí y fácil de observar.



Otras especies que observé pronto en l'Encanyissada fueron fumareles cariblancos, charranes comunes, garzas imperiales, garcetas, azulones... Pero tenía que irme, para pasar a mi segundo punto de parada planificado, la laguna de El Clot.

El Clot

El Clot con Poble Nou del Delta al fondo


Aquí, más fumareles, charranes, garzas de diferentes especies (real, imperial, cangrejera...), fochas, gallinetas, anátidas, y mi primer avetorillo del viaje. También este somormujo lavanco (Podiceps cristatus).



Desde aquí continué mi ruta con destino a las salinas de Sant Antoni, en donde empecé a observar ya a algunas limícolas, tales como avocetas (Recurvirostra avosseta), archibebes comunes (Tringa totanus) y claros (Tringa nebularia), aguja colipinta (Limosa lapponica), o chorlito gris (Pluvialis squaratola). 

Archibebe común

Archibebe común


Aguja colipinta (izquierda) y chorlito gris (derecha).

Mientras, hacia el otro lado de la carretera mirando hacia La Tancada, abundaban flamencos (Phoenicopterus roseus) y garzas como la garceta común (Egretta garzetta) o la garceta grande (Egretta alba). También aquí pude ver en un reducido espacio todas las especies de charranes y fumareles que observé en el Delta del Ebro: pagazas piconegras (Sterna nilotica) y piquirrojas (Sterna caspia), charrán patinegro (Sterna sandvicensis), charrán común (Sterna hirundo), charrancito común (Sterna albifrons) y fumarel cariblanco (Chlidonias hybrida).

Flamencos y gaviotas de Audouin al fondo

Charrán común




Garceta común (izquierda) y garceta grande (derecha)


Llegaba el momento de dejar este punto para continuar hasta la costa, en donde me esperaba la interminable playa del Trabucador.

A través de una estrecha barra de arena, en donde por un lado vas viendo el Mediterráneo y por el otro la bahía de Alfacs, se llega al final de este estrecho istmo, que es la Punta de la Banya. Aquí, en las proximidades de las Salinas de la Trinitat (de acceso restringido), pude observar también varias especies de limícolas que estaban criando en la zona, como cigüeñuela (Himantopus himantopus), archibebe común o chorlitejo patinegro (Charadrius alexandrinus).

Cigüeñuela


Pollos de cigüeñuela con el adulto al fondo

Archibebe común

Chorlitejos patinegros

Y con la foto de otra gaviota de Audouin, presente por todas partes, finalizo la primera parte de mi relato sobre el viaje al Delta del Ebro. En breve os traeré la segunda.

Gaviota de Audouin




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Enrique Sampedro Miranda

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